«En una emergencia moral decisiva… un buen corazón es una guía más segura que una conciencia mal formada»
Mark Twain
Explica Manuel Toscano en Letras Libres que akrasia significa que «el agente actúa de forma distinta a lo que él mismo (¡no otro!) considera la opción más aconsejable«, normalmente, por debilidad de la voluntad. Lo que se preguntan los filósofos es si hay contextos en los que la akrasia es «buena» moralmente, es decir, si hay casos de akrasia inversa porque lo correcto es actuar de forma distinta a como uno mismo cree que debe actuar:
«La clave, como señala Aristóteles, es que el juicio del agente puede estar equivocado y que el acto que considera bueno o mejor no lo sea realmente».
P. ej., yo me he resuelto a dejar de tomar café, pero «caigo» y me tomo café al salir de casa pero esa debilidad de voluntad es un acierto porque el consumo de café es bueno para la salud.
El argumento es sencillo: si la opinión es errónea, será mejor no atenerse a ella en nuestros actos; puede que de esa forma terminemos haciendo lo que es realmente bueno (o mejor).
Toscano analiza el célebre episodio de Huckleberry Finn utilizado por Nomy Arpaly para mostrar que una persona puede actuar moralmente bien aunque crea que está actuando mal.
Resumo cómo plantea el «supuesto de hecho'» Toscano:
- Huck ha sido educado en una sociedad esclavista y está convencido de que ayudar a escapar a un esclavo fugitivo es una grave falta moral.
- Por eso cree que su deber consiste en entregar a Jim a los cazadores de esclavos para que sea devuelto a su propietaria.
- Cuando piensa en proteger a Jim (a quien había prometido hacerlo) se siente culpable, perverso y deshonesto; cuando decide entregarlo experimenta el alivio de quien cree estar haciendo lo correcto.
- Sin embargo, cuando llega el momento decisivo (se encuentra con los cazadores de esclavos), no consigue traicionar a su amigo y renuncia a denunciarlo, aun pensando que con ello se condena moralmente.
La grandeza literaria del episodio —dice Toscano— reside en la ironía construida por Twain. Desde el punto de vista de Huck, la decisión correcta sería entregar a Jim y su incapacidad para hacerlo es una muestra de debilidad moral. Desde el punto de vista del lector ocurre exactamente lo contrario.
¿Dónde está la fuente del dilema moral de Huck y por qué mueve a la sonrisa del lector actual que Huck pudiera haber sufrido un dilema moral? Nos dice Toscano: porque las convicciones morales de Huck reflejan las reglas de una sociedad corrompida por la esclavitud, mientras que su conducta efectiva expresa humanidad, lealtad y sentido de la justicia. Continúa explicando Toscano que Huck hace lo correcto precisamente porque desobedece su propio juicio moral. El caso invierte la estructura habitual de la akrasia aristotélica: no sucede que conozca el bien y haga el mal, sino que cree conocer el bien cuando en realidad está equivocado y, al actuar contra ese juicio erróneo, termina haciendo lo correcto. Dice Toscano:
«Fijémonos en que Huck actúa guiado por las razones moralmente relevantes, pero no las cataloga como tal debido al ambiente moral en que ha sido socializado. Lo que indica que actuar bien no es actuar bajo la descripción de que el acto es «moralmente correcto», o porque es lo «moralmente correcto», sino en respuesta a los aspectos que hacen buena (o justa, o noble) la acción, aunque no lleven la etiqueta. Es tanto como subrayar algo tan elemental como que las descripciones convencionales de lo que es moralmente correcto, las opiniones socialmente aceptadas de lo que está bien (o es justo o noble), pueden estar equivocadas. En tal caso, como muestra el ejemplo de Huck, querer hacer «lo moralmente correcto» puede resultar un serio obstáculo para obrar rectamente.«
Esta discusión es interesantísima para la siguiente cuestión.
Las condiciones de posibilidad de un derecho justo
Una sociedad en la que las relaciones sociales se organizan a través de instituciones como la esclavitud, la servidumbre, el patronazgo, el feudalismo, o el patriarcado, no puede alumbrar un derecho justo. Por tanto, el derecho de los griegos, de los romanos y, prácticamente, el de todas las sociedades humanas hasta tiempos recientísimos, no podía calificarse como justo. Y si el Derecho no puede tender hacia la Justicia, su legitimidad como mecanismo supremo de coordinación social se reduce. El principio de igualdad jurídica de todos los individuos humanos es una condición de posibilidad de un derecho justo.
En otra ocasión, me extenderé sobre este asunto. Porque lo magnífico de la «tradición jurídica occidental» (Berman) que se inició en el Derecho Romano es que los juristas-teólogos de la Edad Media rescataron el Derecho Privado Romano, no el Derecho Público, para explicar cómo se organizaban y debían organizarse sus sociedades, cómo se coordinaban y cooperaban y debían coordinarse y cooperar los individuos económica y políticamente (no en vano es en la Edad Media en la que se forma el concepto mismo de ‘individuo’ y todas las categorías utilizadas para la organización del Estado). Y dentro del Derecho Privado, el núcleo está formado por el derecho de los intercambios, los derechos reales más el derecho de daños y —añadido medieval— las corporaciones. O sea, lo que constituye el núcleo del Derecho Privado Patrimonial, el derecho de la cooperación económica entre los miembros de una sociedad.
Ese Derecho Privado está basado, precisamente, en la igualdad de las partes y en el carácter voluntario de las relaciones. Esas dos condiciones permiten que el Derecho Privado aspire a la justicia. Es la justicia de los intercambios (justicia conmutativa o correctiva) la que preside la discusión filosófica sobre el Derecho (dar a cada uno lo suyo).
Los intercambios entre particulares de bienes de consumo y, mucho más tarde, el deber de reparar el daño causado, fueron así el oasis de justicia en un desierto gobernado por la desigualdad, esto es, por la esclavitud, la servidumbre, la relación patrono-cliente, vasallo-señor, hijo-padre, mujer-hombre… Y en ese oasis pudo cultivarse la Justicia.
El sentimiento moral y la ley inmoral internalizada
Podemos volver ahora al dilema moral de Huck que se debatía entre entregar a Jim a los cazadores de esclavos o ayudarle a ocultarse.
Para lo que sigue v., Richard Holton, Moral Blindsight and Huckleberry Finn, 2025 y un paper muy previo del mismo autor que contiene una versión preliminar de este trabajo, Inverse Akrasai and weakness of will.
Holton reproduce el siguiente texto de Mark Twain
«En mis años de escolar no sentía ninguna aversión por la esclavitud. No sabía que hubiera nada reprochable en ella. Nunca escuché a nadie denunciarla; los periódicos locales no decían una sola palabra contra ella; desde el púlpito se nos enseñaba que Dios la aprobaba, que era algo santo, y que quien tuviera dudas sólo tenía que consultar la Biblia para resolverlas. Luego se nos leían los textos correspondientes para que no quedara la menor incertidumbre. Y si a los propios esclavos no les gustaba la esclavitud, eran demasiado inteligentes para decirlo. Cuando tenía diez años vi a un hombre, en un arrebato de ira, arrojar un trozo de mineral de hierro contra un esclavo por el mero hecho de haber hecho algo torpemente, como si eso fuera un delito. El pedazo de hierro rebotó en el cráneo del esclavo; éste cayó al suelo y no volvió a pronunciar palabra. A la hora había muerto. Yo sabía que aquel hombre tenía derecho a matar a su esclavo si así lo quería, y, sin embargo, aquello me pareció lamentable y, de algún modo, injusto. No habría sabido explicar por qué era injusto si me lo hubieran preguntado. Nadie en el pueblo aprobó aquel asesinato, aunque, naturalmente, nadie dijo gran cosa al respecto».
La ley amparaba la esclavitud, hasta el punto de castigar al que protegía al esclavo fugitivo y considerar impune el asesinato de un esclavo. La conciencia de Mark Twain, incluso cuando tenía 10 años, es decir, «su corazón» le decía que esa ley era injusta pero había internalizado la norma jurídica. Bennett, dice Holton, veía la conducta de Huck como una batalla entre la moralidad y la simpatía. No. Es entre la ley y la conciencia o entre la ley y la moral. O sea que, quizá, lo que Twain llama ‘»conciencia» no es lo que se entiende normalmente por conciencia moral, sino la internalización de las normas jurídicas y sociales fundamentales de una sociedad. Huck quiere cumplir con las normas legales que le había transmitido la señorita Watson —dueña de Jim— y su corazón, o si se quiere sus tendencias morales innatas, le inclinan a desobedecer las normas.
No entenderíamos que Huck se ha comportado humanamente si no desobedeciera la ley y protegiera a Jim (su amigo). Porque, desde el punto de vista de la justicia natural o, si se quiere, del sentimiento o emoción psicológica más profunda (à la Hume), entregar a Jim es una conducta abominable que sólo se explica (como el asesinato del esclavo por su amo) porque la Ley es profundamente inmoral.
foto: Wikipedia

Comentarios Recientes