Por Beatriz Gregoraci

Entrega del Liber Amicorum a Fernando Pantaleón

 

En una ocasión, hace unos 15 años (yo acababa de ser madre de la primera de mis hijas), Fernando me advirtió, en los aledaños de la G-IV (el aula en la que impartía “Fundamentos de Derecho Privado”):

“Las deudas que se contraen con los padres se pagan con los hijos”

Siempre he pensado que esta afirmación es aplicable analógicamente a la filiación académica. Y también he tenido muy claro, que, entonces, Xabier Basozabal, Iris Beluche, Pedro del Olmo, Ana Soler y quien les está hablando en nombre de los cinco, hemos contraído una deuda con nuestro padre académico imposible de pagar.

Y la razón no es, como pudiera pensarse inicialmente, que solo algunos de nosotros tenemos descendencia académica. La imposibilidad no se debe, pues, a que no haya acreedores frente a quienes cumplir. Es el propio cumplimiento el que resulta imposible. Veamos por qué.

No sobrará enfatizar algo que parece obvio y es que, como ya habrán adivinado, la deuda no es, desde luego, pecuniaria. Tampoco encaja exactamente en ninguna de las obligaciones previstas en el CC. Se trata, más bien, de una confluencia de obligaciones de dar, de hacer y de no hacer que desembocan en una deuda de naturaleza intelectual.

Es una deuda que consiste en un “dar”: dar la sabiduría que solo una cabeza privilegiada como la de Fernando Pantaleón puede llegar a albergar;

Es una deuda que consiste en un “hacer”: hacer que nos contagiemos del entusiasmo y de su insaciable curiosidad jurídica;

Y es una deuda que consiste en un “no hacer”: no hacer, o lo que es lo mismo, evitar que escribamos tonterías jurídicas o, como el propio Fernando nos espetaría, que digamos cosas que son de “aurora boreal”.

La naturaleza jurídica de la deuda es, pues, intelectual. Y el patrimonio intelectual del que es titular Fernando Pantaleón es imposible de igualar. Y no solo en lo jurídico, sino más allá de él. Fernando es capaz de adivinar que uno de nosotros está en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York con tan solo observar con sus ojos (detectivescos como su admirado Comisario Maigret) la foto de un cuadro de Govert Flinck; Fernando descubre inmediatamente que otro de nosotros se encuentra en la Plaza de la Constitución de Santiago de Chile a partir de la foto de una frase de Salvador Allende (sin firmar, claro).  En fin, todos los libros, jurídicos et non, que ha leído y que ya no caben en su casa, están en su cabeza, una auténtica biblioteca, en el sentido más divino de la palabra:

“Vidi raccolto in un volume ciò che nell’universo si squaderna”

dice Dante en el último canto del Paraíso.

No es esta, decíamos, una deuda pecuniaria, pero sí es cuantificable. Y la cuantía de la deuda contraída se corresponde con la generosidad intelectual de Fernando que es, como sabemos todos los que estamos aquí hoy, inmensa. Nos atrevemos a decir que hay una verdadera “Escuela Pantaleón” que trasciende lo meramente formal, y que reúne a académicos y abogados, civilistas, pero también penalistas, e incluso magistrados y ex magistrados del TS…de aquí y del otro lado del Atlántico, que no tienen ningún reparo en emplear la palabra “Maestro” para referirse a él.

A todos ellos les hemos reunido, con la discreta complicidad de su hija (biológica y académica), Marta, para ofrecerle como regalo por su 70 cumpleaños un Liber Amicorum, libro homenaje que no podía ser uno al uso, porque Fernando Pantaleón no es un jurista al uso. Tenía que ser algo único, como es él, desafiante intelectualmente, (ya sabemos que con lo que más disfruta es con el “porno duro” – hard core – jurídico) and last, but not least, que permitiera a cada uno de los participantes dialogar con él. Por eso, el hilo conductor de este Liber Amicorum del que hoy, Fernando, te hacemos entrega (formal, pues la material se anticipó forzosamente) son las sentencias de las que fuiste ponente en el Tribunal Supremo: hemos dado libertad de elección, sin importar que haya algunas sentencias comentadas en más de una ocasión, o que un comentario verse sobre más de una de ellas.

El resultado es una obra de referencia y de utilidad para los académicos, abogados y jueces, verdaderos acreedores de la deuda que los hijos académicos de Fernando Pantaleón hemos contraído con él.

Fernando, somos deudores temerarios y lejos de querer que la entrega de este Liber Amicorum pueda llegar a significar una liberación de la deuda que hemos contraído contigo (algo que, por lo demás, ya hemos explicado que no es posible) pretendemos seguir incrementándola; deseamos continuar aprendiendo de ti, aun con el riesgo de que, en lugar de reducir, aumentemos nuestro ya elevado pasivo insatisfecho.


* Palabras pronunciadas por la autora en el acto de entrega del Liber Amicorum a Fernando Pantaleón  («Diálogos con Fernando Pantaleón»). El discurso del homenajeado está publicado en esta entrada